miércoles, octubre 18, 2006
Un simple placebo
Comunicado Nº 12: Se decreta que hasta que surjan las ideas, cualquiera que todavía quede circulando por esto, puede entretenerse con lo que sigue, algo que escribí hace aproximadamente un año, cuando estaba en otro lugar intelectual diferente al actual. A bientôt!.

Con ustedes...

Quiero perderme en la ciudá.

Quiero perderme en la ciudà, doblar cierta esquina conocida y adentrarme en calles desconocidas, llenas de librerías, disquerías, videoclubes, negocios más extraños, llenos de gente como yo buscando perderse en los placeres de descubrir lo desconocido en la ciudà harto conocida, esa que en poco tiempo podés recorrer y comenzar imperceptiblemente a reconocer sus recovecos - aunque siempre haya algo o alguien que te sorprenda en ese lugar donde pasaste miles de veces antes, sin darte cuenta de lo que allí había, esperándotè, buscándotè, en silencio, expectante, ardiente pero frío, oculto. Entrar en una librería con aura extranjera, en una vereda que nunca he visto antes; ésa es mi esperanza. Y es allí, en esas calles oníricas, dónde espero encontrarte. Cortázar hizo vagar a sus personajes por una ciudà extraña, dónde siempre era de noche, dónde habitaban cientos de personas que viajaban en tranvías y se cruzaban en raras plazas de aura centroeuropea, en dónde esos personajes malditos por la desesperanza y la cercanía de la muerte de su pobre espíritu se encontraban, oníricamente, toxicológicamente, insanamente, para destruirse mutuamente en perpetua búsqueda. No es así mi sueño. Es la mía una ciudà luminosa, alegre y esperanzada. Allí todos estarán como sé que me sentiré yo: con la felicidà de haber encontrado ese buscado lugar en el mundo, dónde las imágenes de los objetos y los sujetos que los traen a sus realidades sean extrañamente familiares y queridos. Serían imágenes traídas al mundo en mis retinas a través de años de juntarlas por mi incursión itinerante e iterativa por los mundos audiovisuales que nos rodean, sin darnos cuenta de cómo nos moldean, a sus imágenes y semejanzas, que son a su vez moldeadas a imágenes y semejanzas de cientos, miles de sujetos como vos y yo, formando, imperceptiblemente, una construcción intelectual colectiva multicultural, no establecida – mayormente, nunca puede nada sustraerse de lo ya establecido – por lo dominante y opresivo. Esa construcción colectiva es elegida por quien participa en ella, concientemente, sabiendo que también es uno quien crea esa construcción, aunque sea simplemente eligiendo qué parte tomar de ese colectivo multiplicador de lo existente, de aquello que nos hace grandes, manteniéndonòs por siempre infantes en esa búsqueda del placer intelectual y sensitivo. Son intelectualmente muertos aquellos que han madurado definitivamente y se dejan estar en las chatas aguas del conformismo no pensante. Esa gente seria que ha sentado cabeza, que buscó en una titilante seguridà que ha formado a su alrededor, sin saber que en cualquier momento todo puede caerse como una interminable pirámide de cartas; esa gente es la que nunca entrará en las calles que yo construyo, que algún día encontraré al doblar una esquina. La libertà absoluta la consigue quien ha decidido dejarse llevar por sus pensamientos, mandando al tremendo carajo las imágenes de las consecuencias de sus elecciones. Ese “me chupa un güevo” es lo único que nos hace libres, de cagarnos en todas las estructuras y determinar nuestro propio camino, sin atarnos a ningún determinismo simplista o facilista. Lo complejo de nuestro pensamiento nos hace más libres aún, puesto que encontrarnos permanentemente en contradicción dentro de nosotros mismos nos hace dar cuenta de aquello que está mal, de los que nos ata y encontrar aquello que nos desata indefectiblemente, pero no definitivamente. Es un proceso – que existen – en donde uno termina de crecer, sin madurar ni un ápice. Esa alegría infantil de pensar en lo inexistente es el verdadero crecimiento, no la satisfacción madura de verse bien afeitado frente al espejo, con la corbata correctamente ajustada a la nuez y perfumadito desde las orejas hasta el culo. Pelotudear. He ahí el vero crecimiento hacia la libertà y el encontrar la compañía que te hará crecer aún más, hacia dentro. Es un proceso de retroalimentación: sale de tu cabeza el intelecto en forma de maravilloso pelotudeo, para volver a entrar como alimento del propio intelecto. Cómo voy a reconocer, cuando doble esa esquiva esquina, que me he adentrado en mi ciudà? Porque la gente que la habite tendrá esa deschavadora sonrisa que anuncia la libertà, esa sonrisa que, día a día, en esta ciudà que no es la mía – que no es la nuestra – veo en vos, y quiero pensar, también, vos en mí.

Rosario, noviembre de 2005.
 
suspiro exagerado de Juansolo como a las 12:23 | Permalink |


4 Comentarios:


A las 13:47, a Blogger CAR. le chifló el moño.

que linda ciudad, me hizo acordar al cuento de cortazar donde se quedan todos en la autopista?? no me acuerdo como se llama pero es muy lindo!

 

A las 12:21, a Blogger Juan Solo le chifló el moño.

Está bueno eso de poder recurrir al cajón de sastre (uy, mi blog iba a llamarse así), sacar ideas seminuevas, lustrarlas un poquito con la manga y... voilá.

 

A las 13:38, a Blogger Juansolo le chifló el moño.

Let it be: No se si clasificar a La Autopista del Sur como un cuento lindo (hasta diría que es desgarrador, angustiante, etc.) pero si que es un buen cuento. Hay una referencia a Cortázar pero es a 62, Modelo para armar, un librazo.

Juan Solo: Es bueno tener un cajón de sastre, porque cuando se acaba eso también...

 

A las 18:12, a Blogger CAR. le chifló el moño.

que quilombo dos juanes solos... noi lei 62, modelo para armar, asi que no se, pero autopista del sur me parecio lindo desde que me llevo a perder toda logica, sentido de tiempo, de normalidad, si bien es desgarrador en un principio te angustia llegando al final la situacion se me naturalizo, y me parecio triste que perdieran ese microclima que habian adoptado, pero bueno eso me paso a mi, lo mas lindo de cortazar me parece es que a todos les pasa algo distinto con sus escritos, ya llegare a 62 y despues vuelvo a leer lo tuyo y te comento...